JOAQUIM ROSA INACIO CIERRA SU ZAPATERIA EN COMODORO RIVADAVIA LUEGO DE 63 AÑOS


Joaquim Rosa Inacio llegó a Comodoro para vivir con su padre que trabajaba en el puerto. Hoy tiene 85 años y hace 73 años que confecciona y repara zapatos. Hace 63 que presta sus servicios en el local de calle Ameghino, entre Belgrano y Mitre, donde ahora se proyecta la construcción de un edificio de departamentos.


Joaquim Rosa Inacio dejará su oficio de zapatero a los 85 años. Llegó de Portugal cuando tenía 22.
Joaquim estima que en marzo abandonará el edificio donde trabajó prácticamente todo su vida, desde que llegó a Comodoro con 22 años, desde su entrañable Portugal. Allí aprendió el oficio cuando tenía 12 años.
“Tuve varios maestros zapateros, aprendí con ellos a hacer zapatos. Después estuve un tiempo en Buenos Aires antes de venir”. Allí trabajó en sociedad con un amigo que recuerda fraternalmente, sobre todo porque recientemente se encontró con su hijo, Mario Dos Santos Lopes, de Puerto Deseado. Por su taller pasaron ayudantes e incluso un socio “que viajó a comprar a Buenos Aires materiales y no volvió más”, comenta con un tono que devela su origen.

UN ARTESANO
Joaquim Rosa Inacio recibe a todos con el mismo humor. Advierte sobre trabajos que “no convienen”, por ejemplo “los zapatos de plástico”, donde hay que gastar 120 pesos en una reparación. “El oficio así se pierde porque nadie aprende a hacer zapatero. A veces me pedían que les enseñe a los pibes; ahora no se puede tener menores acá; hay que cumplir con las leyes; no es tan fácil”.
Cientos de zapatos yacen apilados en las paredes del local de la calle Ameghino, testigo de todas las modas. La dictadura del zapato de punta, la comodidad del taco ancho, las vertiginosas plataformas, se pierden entre las sandalias planas vencidas por las caminatas durísimas en este Comodoro que tiene la mayoría de sus calles sin asfaltar.
El local tiene espacio para todo, hasta valijas antiguas y bolsos de diseño; un banderín de Argentina; los moldes para confeccionar zapatos; un cajón de madera atestado de tacos de zapatos y el cuadro más imponente de Joaquim con uno de sus hijos. “Tengo cuatro hijos, 11 nietos y 11 bisnietos”, dice orgulloso.

TODA UNA VIDA
El vive unas cuadras más arriba y desde hace muchos años su trayecto fue el descenso por calle Ameghino. “Aquí viví de todo, cosas lindas, cosas feas”, cuenta. Rosa Inacio sufrió cinco asaltos. “De eso no me olvido. La última vez fue hace cuatro o cinco meses. Una vez me ataron en el banco de piernas y brazos para sacarme plata, revolvieron todo. Ellos creen que tengo plata, no sé si tenía 100 pesos la última vez y 60 la primera. Uno de los que me robó venía acá a arreglar los zapatos; ya ni me acuerdo el nombre”.
Mira por la ventana apoyado en el mostrador, sin un horizonte claro. “Atendí a todos siempre, doctores, abogados, vecinos; algunos siguen viniendo pero muchos fallecieron”,  dice después de entregar sus botas caña corta a uno de los ex trabajadores de Tintorería Roma. “El viene de toda la vida acá”, comentó.
Y empieza a enumerar locales comerciales de antaño, describiendo un centro que ya no es. El oficio le dejó muchos pares de zapatos sin dueño, de “cuero, cuero”, y secuelas en la espalda por agacharse sobre la prensa y la máquina de coser. Ahora decidió retirarse porque “ya no tengo edad para seguir; lo más difícil a veces es complacer al cliente”.
 
DIARIO PATAGONICO
 
 


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